Este chalet convertido en restaurante, consta de dos plantas, bodega, cocina y terraza. Una valla y portón de forja encierran un pequeño jardincillo que nos encamina hacia la entrada, protegida por una marquesina realzando su fachada. La primera impresión que recibimos al entrar nos hace adivinar la elegancia de su interior.
Al entrar, después de dejar una pequeña barra a la izquierda y subiendo la escalera, nos encontramos en la planta superior donde tenemos dos comedores de 20 y 26 plazas. Abajo en la planta baja y entrando a la derecha se encuentra una sala para 40 personas que a su vez da acceso a la terraza o jardín interior, un lugar con encanto para disfrutar de las comidas y cenas en primavera y verano.